Gastronomía, procesos, tradición.
Jornada a mesa puesta con coloquio y taller
Lunes, 25 de mayo, de 17:00h – 21:30h
En nuestra cultura, la cocina no es únicamente un
espacio funcional, se entiende como un lenguaje de memoria, identidad,
pertenencia y cohabitación ,en un contexto de inmediatez y desarraigo,
entendiéndose como un dispositivo de encuentro y diálogo. El acto de
cocinar, compartir y alimentar trasciende su dimensión funcional para
convertirse en una práctica estética, social y archivística capaz de
activar vínculos y generar comunidad a través de los relatos sensoriales
que nos aporta cada plato, mediando entre el origen y el espacio
presente, habitando lo común a través de una comunión simbólica.
En
este contexto, el ajo emerge como un símbolo profundamente arraigado,
un elemento humilde y accesible que atraviesa clases sociales,
geografías y generaciones. Su presencia constante en la gastronomía no
solo habla de sabor, sino de identidad compartida.
Ingrediente
esencial en platos cotidianos, ha sido durante siglos un recurso
accesible que permitía transformar lo escaso en sustancioso. Su
intensidad, tanto olfativa como gustativa, actúa como una marca cultural
reconocible, una huella sensorial que remite a lo doméstico, a lo
heredado, a lo común. Cocinar con ajo es activar una memoria colectiva
que se transmite de cuerpo en cuerpo, de cocina en cocina.
Pero
si la cocina es el lugar de producción, la sobremesa es el espacio de
expansión. Tras el acto de comer, el tiempo se dilata y se resignifica.
La sobremesa se convierte en un ritual social donde la palabra circula
sin prisa, donde se negocian afectos, se construyen relatos y se
afianzan vínculos. Es un tiempo improductivo en términos capitalistas,
pero profundamente fértil en términos culturales.
En
este sentido, cocina y sobremesa funcionan como dispositivos de
mediación. No solo articulan relaciones entre individuos, sino también
entre pasado y presente, entre lo íntimo y lo colectivo. En ambos
espacios, el conocimiento no se impone: se comparte, se adapta, se
transforma. La receta, como la conversación, nunca es fija.
Este
proyecto propone pensar el ajo, la cocina y la sobremesa como prácticas
culturales que desbordan lo gastronómico. Como lenguajes que hablan de
pertenencia, de resistencia y de comunidad. Como formas de estar juntos
que, aunque aparentemente ordinarias, contienen en su repetición
cotidiana una potencia política y simbólica fundamental.






